domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Bailas?

Por Paloma Cuevas
Hoy el recuerdo me llevó a tu puerto y es que estuve reviviendo momentos del pasado, esos, cuando la vida no tenía futuro, y todo se vivía en presente. Cuando nada importaba y las decisiones del momento parecían no tener consecuencia… Escuchaba música y siempre me sucede lo mismo, una cancioncita y ¡Bum! Fluyen los recuerdos.
Gracioso es que haya sido hoy. No es tu cumpleaños. No es el aniversario de aquella primera vez en que te viera. No es el festejo de haberme convertido en “mujer”, porque antes de ti no hubo antes, después de ti: varios despueces…
Conocerte fue circunstancial. Una causalidad, porque como alguien alguna vez me dijo: no hay casualidades, fuiste la causa de muchas tardes de rodillas raspadas, te pido  no me hagas explicarte porqué…conoces de sobra las razones…
Nos presentaron, fue X quien era tu free en turno dijo: “El es C y ella es B”, ocultando mi nerviosismo te di la mano…Nunca lo hubiera hecho, tú eres la razón para ese dicho, “les dan la mano y les toman el pie..” Segurito que por ti lo inventaron… le das la mano a C y te tomará del pie, pero se asegurará de recorrerte completita primero…
Nos miramos poco rato, de hecho tal vez un segundo, sonrisa apenas esbozada que sirvió para catalogarte de patán.
Más tarde me invitaste a bailar.
Yo dije: -“No sé bailar, “eso”, (refiriéndome a la música de salsa que se escuchaba en ese momento, haciendo valer mi derecho de niña UVM). Tú te reíste abiertamente, como todo lo que haces. Siempre abiertamente, sin máscaras, ni tabúes y me contestaste: “Mira mamacita el baile es la expresión vertical de un deseo horizontal, si no sabes, es porque no te han sabido llevar…”
Hipnotizada caminé de tu mano. ¡Ah qué razón tenías! Si yo sabía bailar, lo que pasa es que no me habían sabido guiar… Contigo todo fluía, era natural, las vueltas, la risa, los giros, el movimiento, la sincronía… ¡ah que ganas de bailar siempre así!
De ahí volverte a mirar un par de meses después. Justo el día en que comencé a dar clases en Derecho y verte ahí en esa aula de sexto semestre, yo con dieciocho añitos y tú bastante mayor (aceptaste veintiséis) y admitir que esa fantasía tal vez nunca se realizaría…
Verte perseguirme por todos los pasillos con cualquier estúpido pretexto, para externar tus dudas, para ayudarme con mis libros, hasta que un día fastidiado de mis carreras absurdas me soltaste: “Te deseo.” Sonrojarme hasta la punta del último cabello, balbucear: - “No es correcto.” Mientras me derretía por dentro, y es que ese “te deseo” era la verbalización de mis pensamientos… hubiera querido responderte: “yo también” y que pasara lo que dios quisiera, todo en ti era tan sensual que desearte era lógico… era un deseo animal… y entre más lo reprimía, más te me antojabas, sobre todo porque nunca antes…
Siempre después…
Verte llegar esa tarde y decirme: tenemos que hablar. No puedo. Tengo clase. Te espero. Salir de ahí de puntitas y verte aún afuera esperando. ¡Demonios, es que no te cansas nunca! Decir:-“Acompáñame a fumar un cigarro.” Caminar, y caminar, y caminar más lejos, hasta donde los prados hacían que el campus se viera pequeño, intuir que ya estábamos fuera del alcance del ojo indiscreto, había mariposas, estaban los árboles. El pasto se movía al capricho del viento.
Aparentar no estar nerviosa,
Verte extenderme un fólder con un par de documentos. Preguntar:”¿Qué es esto? Tu respuesta al mismo tiempo que leo: Alumno: Iglesias blah blah blah etcétera y anexas solicita baja temporal durante un año por motivos de índole personal, no terminar de leer y sentir tu abrazo en mi cuerpo, tu boca sobre la mía succionando mi vida, mis labios, mi aliento… decir de nuevo:-“no es correcto”, mientras con destreza desabrochas mi ropa y me despojas del pudor que estorba… sonrío mientras me recuesto…
Siento tu peso sobre mí, y no acierto a pensar más… me hundo mientras te hundes en mí… el dolor más placentero, primera vez creo, aciertas a decir mientras cierro los ojos y recuerdo por siempre la expresión de tus ojos, los veo cada vez que cierro los míos. Sentir miles de mosquitos picoteando mi piel y no querer moverme de ahí. Para eso se inventaron los ungüentos…
Comienza el vaivén de tu ser sobre el mío, lento como ese primer baile, cadencioso, lento y cada vez más y más violento, besos, caricias, rasguños, mordidas… Grito, te detienes, me miras y me dices “Eres mía, mamacita. Hoy y para siempre.” Trece años después quisiera decir que no es cierto, pero ambos sabemos y es nuestro secreto que siempre antes de un baile, me acompaña tu mirada y siento de nuevo tu aliento…Tiemblo.



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