Hoy el recuerdo me llevó a tu puerto y
es que estuve reviviendo momentos del pasado, esos, cuando la vida no tenía
futuro, y todo se vivía en presente. Cuando nada importaba y las decisiones del
momento parecían no tener consecuencia… Escuchaba música y siempre me sucede lo
mismo, una cancioncita y ¡Bum! Fluyen los recuerdos.
Gracioso es que haya sido hoy. No es tu
cumpleaños. No es el aniversario de aquella primera vez en que te viera. No es
el festejo de haberme convertido en “mujer”, porque antes de ti no hubo antes,
después de ti: varios despueces…
Conocerte fue circunstancial. Una
causalidad, porque como alguien alguna vez me dijo: no hay casualidades, fuiste
la causa de muchas tardes de rodillas raspadas, te pido no me hagas explicarte porqué…conoces de sobra
las razones…
Nos presentaron, fue X quien era tu free
en turno dijo: “El es C y ella es B”, ocultando mi nerviosismo te di la mano…Nunca
lo hubiera hecho, tú eres la razón para ese dicho, “les dan la mano y les toman
el pie..” Segurito que por ti lo inventaron… le das la mano a C y te tomará del
pie, pero se asegurará de recorrerte completita primero…
Nos miramos poco rato, de hecho tal vez
un segundo, sonrisa apenas esbozada que sirvió para catalogarte de patán.
Más tarde me invitaste a bailar.
Yo dije: -“No sé bailar, “eso”,
(refiriéndome a la música de salsa que se escuchaba en ese momento, haciendo
valer mi derecho de niña UVM). Tú te reíste abiertamente, como todo lo que
haces. Siempre abiertamente, sin máscaras, ni tabúes y me contestaste: “Mira
mamacita el baile es la expresión vertical de un deseo horizontal, si no sabes,
es porque no te han sabido llevar…”
Hipnotizada caminé de tu mano. ¡Ah qué
razón tenías! Si yo sí sabía bailar,
lo que pasa es que no me habían sabido guiar… Contigo todo fluía, era natural,
las vueltas, la risa, los giros, el movimiento, la sincronía… ¡ah que ganas de
bailar siempre así!
De
ahí volverte a mirar un par de meses después. Justo el día en que comencé a dar
clases en Derecho y verte ahí en esa aula de sexto semestre, yo con dieciocho
añitos y tú bastante mayor (aceptaste veintiséis) y admitir que esa fantasía tal vez nunca se realizaría…
Verte perseguirme por todos los pasillos
con cualquier estúpido pretexto, para externar tus dudas, para ayudarme con mis
libros, hasta que un día fastidiado de mis carreras absurdas me soltaste: “Te
deseo.” Sonrojarme hasta la punta del último cabello, balbucear: - “No es
correcto.” Mientras me derretía por dentro, y es que ese “te deseo” era la verbalización
de mis pensamientos… hubiera querido responderte: “yo también” y que pasara lo
que dios quisiera, todo en ti era tan sensual que desearte era lógico… era un
deseo animal… y entre más lo reprimía, más te me antojabas, sobre todo porque
nunca antes…
Siempre después…
Verte llegar esa tarde y decirme:
tenemos que hablar. No puedo. Tengo clase. Te espero. Salir de ahí de puntitas
y verte aún afuera esperando. ¡Demonios, es que no te cansas nunca!
Decir:-“Acompáñame a fumar un cigarro.” Caminar, y caminar, y caminar más
lejos, hasta donde los prados hacían que el campus se viera pequeño, intuir que
ya estábamos fuera del alcance del ojo indiscreto, había mariposas, estaban los
árboles. El pasto se movía al capricho del viento.
Aparentar no estar nerviosa,
Verte extenderme un fólder con un par de
documentos. Preguntar:”¿Qué es esto? Tu respuesta al mismo tiempo que leo:
Alumno: Iglesias blah blah blah etcétera y anexas solicita baja temporal
durante un año por motivos de índole personal, no terminar de leer y sentir tu
abrazo en mi cuerpo, tu boca sobre la mía succionando mi vida, mis labios, mi
aliento… decir de nuevo:-“no es correcto”, mientras con destreza desabrochas mi
ropa y me despojas del pudor que estorba… sonrío mientras me recuesto…
Siento tu peso sobre mí, y no acierto a
pensar más… me hundo mientras te hundes en mí… el dolor más placentero, primera
vez creo, aciertas a decir mientras cierro los ojos y recuerdo por siempre la
expresión de tus ojos, los veo cada vez que cierro los míos. Sentir miles de
mosquitos picoteando mi piel y no querer moverme de ahí. Para eso se inventaron
los ungüentos…
Comienza el vaivén de tu ser sobre el
mío, lento como ese primer baile, cadencioso, lento y cada vez más y más
violento, besos, caricias, rasguños, mordidas… Grito, te detienes, me miras y
me dices “Eres mía, mamacita. Hoy y para siempre.” Trece años después quisiera
decir que no es cierto, pero ambos sabemos y es nuestro secreto que siempre
antes de un baile, me acompaña tu mirada y siento de nuevo tu aliento…Tiemblo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario