Por: Paloma Cuevas
“Es aquí en la vida en donde tengo que encontrar
remedio de la vida. Y una buena receta es el amor y saber mirar por encima del
hombro de mis propias penas. Mi miseria es una parte de la miseria humana. Y
pueden sufrir con mi corazón todos los hombres. “
Jaime Sabines
Estoy
hasta la madre de que creas que no ha pasado nada… que todo sigue igual.. cómo
habría de hacerlo cuando al calor de las noches robadas nos hemos conocido de
principio a fin los cuerpos.. y te empeñas en llamarme “amiga” cuando la
amistad ya no alcanza a definir lo que hay entre tú y yo.
Después
de saberme de ida y de venida tus lunares y tus marcas de nacimiento… de
conocer la línea de tu espalda que baja hasta donde me pierdo… ¿cómo diablos
que no ha pasado nada? ¿Es sólo falta de escrúpulos o estupidez manifiesta?
Y
es que eso de refugiarme en la fantasía de que escribimos los apellidos
conjugados a ver cómo suenan a mí no me interesa, a mí lo que me gusta es ver
cómo quedan nuestros cuerpos entrelazados en la danza de las sábanas que se
antoja interminable… intermitente, impostergable…
Y
siempre al terminar y despedirnos digo que será la última vez que te vea… pero
luego te apareces con tu cara de mueca enmarañada y me desgarras el cuerpo y el
alma… para dejarme hecha jirones de mujer enamorada…
Y
luego comienzo a extrañarte y es donde la tortura comienza a pesar de saber que
estoy a sólo una llamada de mi placer, pero ¡carajo! Son los mismo diez números
de ida que de regreso… ¿Por qué habría de marcarlos yo?
Márcame
tú de vez en cuando, así como me marcas la piel cuando me muerdes, cuando
excito tu área primitiva y te olvidas de tu educación universitaria para
convertirte en una madeja de suspiros, de gemidos, de gimnasia…
Márcame
y hazme sentir a veces cortejada, que no me sienta tan huila, eso solo puedo y
quiero serlo en tu cama.
Engáñame
con que te importo aunque sepa que estoy equivocada.
Hazme
el amor, ilusióname, a veces disfruto esas mamarrachadas…
¿Y si en vez de elucubraciones nimias tomo el
celular y vacío tu alma?
¿Cuándo te hago el amor sin cafeína soy menos
yo y más la dulce mujer que buscan tus palabras?
¡¡Pero, qué pereza vivir así la vida!!
Mientras me falte yo, no tiene caso nada.
¿Seguiré pensando lo que pienso, si dejo y
espero que vacíes en mi tu rabia? A fin y al cabo macho exacerbado… deseas que
me entregue a ti como manso
corderito, sin experiencia previa, sin
movimiento de caderas, sin deseo, sin gemir, sin nada…
Y en vista de que esto es sólo “ESO”… Te
digo adiós aunque te quiera un poco… ¡a la chingada!
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