domingo, 10 de noviembre de 2013

Contigo 23-10-13

Por: Paloma Cuevas
Contigo 23-10-13
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
Yo no quiero contigo ni sin ti;
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
Es que mueras por mí.
Joaquín Sabina

Cansancio de escuchar veinte veces la misma canción y seguirla repitiendo interminablemente, cansancio de saber que no hay vuelta de hoja en esta historia estúpidamente indefinida y repetida veinte veces al día, veinte veces al beso, veinte veces al sexo.
Apago la música y la voz de Sabina sigue taladrando mis oídos, tus caricias aún queman en mi piel, tu boca aún se siente sobre la mía, tus dientes aún muerden mis labios, y sé que no es el momento de saberte saboreado, de sentirte tan presente… mi desnudez aún reposa en la cama.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste, para qué saberlo, como si dar un par de razones medianamente convincentes fuera a ser una disculpa que permita que se olvide lo que duele, no nos hagamos tontos, no nos juguemos a lo eterno, la fecha de caducidad en el empaque, el miedo de sabernos tan finitos, nos dio siempre el pretexto perfecto, la disculpa adecuada: “disfrutémonos hoy, yo no sé mañana…”
Y no hay punto de la piel en donde no te haya probado, donde no te haya sentido, donde no me hayas saboreado.
Llegar ese día, después de años de espera y saber que ya no hay escapatoria que al entrar ahí, no habrá más un mañana, todo será en presente, todo es hoy y ahora. Mañana no existe, estás hoy aquí, tu piel y la mía, tu boca y mi boca, tu sexo y mi sexo, la noche nos desborda.

Yo no quiero contigo ni sin ti… la confusión tras el primer beso, el primer acercamiento, tu sexo recargado sobre mí, aún sin atreverse a violentar la paz de mi interior, aun con tu impecable ropa puesta, hasta me da penita saber que terminará sobre el suelo, exageradamente arrugada: “El sexo solo es sucio si se hace bien”, las palabras de Woody Allen aún dando vueltas en mi cabeza y sonrío, mientras tú ahí, desnudo ya, sin atacar, pero deseoso, y yo aquí estando sin estar, me veo desde el infinito, te veo actuar y sé que de cierto no hay nada, que tal vez todo lo que se diga hoy, lo que se sienta hoy, lo que se disfrute hoy se desmienta mañana, que la luz del amanecer tal vez no alcance para que la piel que penetró mi ser siga siendo mía, y yo siga estando aquí…Tal vez mañana no me interese, pero hoy es hoy, y estamos juntos, tu desnudez es mucho más impresionante que la estética perfecta, eres tú y eso es lo que cuenta, tus ojos sobre los míos, y sentir tu peso sobre mí, “La Insoportable Levedad” a la que se refería Kundera, el peso es tan exquisito, cuando es el tuyo sobre mí, entras en mí, estoy muerta, y sin embargo siento, me muevo despacito, me muevo Cenicienta, me enoja mi nivel de sumisión y entonces decido que me da hueva ser princesa, no tengo nada que aparentar contigo, soy yo, soy imperfecta y aún así me deseas.
No quiero amarte, no quiero sentirte, quiero odiarte un poco para atreverme a disfrutarte y usarte, sentirme libre, y no importan las barreras del convencionalismo, en estas cuatro paredes que son cómplices de los gemidos, soy tuya, eres mío, y no quiero contigo, pero tampoco quiero sin ti…

Lo que yo quiero muchacha de ojos tristes…  ¡¡Cómo no estar triste!!! Si la danza de los cuerpos fuera eterna e intermitente siempre estarías dentro mío y yo sería tu casa y tu guarida, tu hogar, y tu cobijo, tu verdad y tu mentira, pero la danza termina y agotados nos abrazamos a saber que mañana será otro día, que ni tu realidad ni la mía son compatibles, que los besos queman la piel y que las sonrisas al terminar de amarnos se vuelvan fingidas.
Cómo no estar triste si todas las ocasiones en cuanto termina no sabemos si habrá una más, tal vez por eso la urgencia de darnos, de vaciarnos, de eternizarnos en la piel, en las mordidas, en las sonrisas, en la complicidad de tu mirada cuando me miras…

Es que mueras por mí…  Morir por ti… vivir soñándote, y saber que cuando me besas, todo inicia otra vez, que cuando me cohíbe tu mirada entiendo la sensación de la tierra al recibir la lluvia y todas las cursilerías que han sido dichas veinte mil años antes de mi existencia sobre la tierra, porque el hecho de que tu ser exista, de que tu sexo me penetre, de que tu mirada  me recorra es la razón perfecta para haber nacido. Yo nací para darme a ti cada día, cuando suceda, para ser infinita en tu misma medida…

Que me mires a los ojos y que me hagas sentir un rayo de luz me enoja, me encabrona, no se vale hacer sentir a una mujer una diosa y después refundirla en el fango del olvido, no se vale dar placer durante horas y después cerrar los ojos y dejarlo todo en el pasado, no se valen tantas cosas que contigo fueron mariposas volando siempre de flor en flor prometiendo ser eterno, ser de uno, ser mío…



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