Por: Paloma Cuevas
Contigo
23-10-13
Yo no quiero saber por
qué lo hiciste;
Yo no quiero contigo ni sin ti;
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
Es que mueras por mí. …
Yo no quiero contigo ni sin ti;
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
Es que mueras por mí. …
Joaquín Sabina
Cansancio de escuchar veinte veces la misma
canción y seguirla repitiendo interminablemente, cansancio de saber que no hay
vuelta de hoja en esta historia estúpidamente indefinida y repetida veinte
veces al día, veinte veces al beso, veinte veces al sexo.
Apago la música y la voz de Sabina sigue
taladrando mis oídos, tus caricias aún queman en mi piel, tu boca aún se siente
sobre la mía, tus dientes aún muerden mis labios, y sé que no es el momento de
saberte saboreado, de sentirte tan presente… mi desnudez aún reposa en la cama.
Yo
no quiero saber por qué lo hiciste, para qué saberlo, como si
dar un par de razones medianamente convincentes fuera a ser una disculpa que
permita que se olvide lo que duele, no nos hagamos tontos, no nos juguemos a lo
eterno, la fecha de caducidad en el empaque, el miedo de sabernos tan finitos,
nos dio siempre el pretexto perfecto, la disculpa adecuada: “disfrutémonos hoy,
yo no sé mañana…”
Y no hay punto de la piel en donde no te haya
probado, donde no te haya sentido, donde no me hayas saboreado.
Llegar ese día, después de años de espera y
saber que ya no hay escapatoria que al entrar ahí, no habrá más un mañana, todo será en presente, todo es hoy y
ahora. Mañana no existe, estás hoy aquí, tu piel y la mía, tu boca y mi boca,
tu sexo y mi sexo, la noche nos desborda.
Yo
no quiero contigo ni sin ti… la confusión tras el primer
beso, el primer acercamiento, tu sexo recargado sobre mí, aún sin atreverse a
violentar la paz de mi interior, aun con tu impecable ropa puesta, hasta me da
penita saber que terminará sobre el suelo, exageradamente arrugada: “El sexo
solo es sucio si se hace bien”, las palabras de Woody Allen aún dando vueltas
en mi cabeza y sonrío, mientras tú ahí, desnudo ya, sin atacar, pero deseoso, y
yo aquí estando sin estar, me veo desde el infinito, te veo actuar y sé que de
cierto no hay nada, que tal vez todo lo que se diga hoy, lo que se sienta hoy,
lo que se disfrute hoy se desmienta mañana, que la luz del amanecer tal vez no
alcance para que la piel que penetró mi ser siga siendo mía, y yo siga estando
aquí…Tal vez mañana no me interese, pero hoy es hoy, y estamos juntos, tu
desnudez es mucho más impresionante que la estética perfecta, eres tú y eso es
lo que cuenta, tus ojos sobre los míos, y sentir tu peso sobre mí, “La
Insoportable Levedad” a la que se refería Kundera, el peso es tan exquisito,
cuando es el tuyo sobre mí, entras en mí, estoy muerta, y sin embargo siento,
me muevo despacito, me muevo Cenicienta, me enoja mi nivel de sumisión y
entonces decido que me da hueva ser princesa, no tengo nada que aparentar
contigo, soy yo, soy imperfecta y aún así me deseas.
No quiero amarte, no quiero sentirte, quiero
odiarte un poco para atreverme a disfrutarte y usarte, sentirme libre, y no
importan las barreras del convencionalismo, en estas cuatro paredes que son
cómplices de los gemidos, soy tuya, eres mío, y no quiero contigo, pero tampoco
quiero sin ti…
Lo
que yo quiero muchacha de ojos tristes… ¡¡Cómo no estar triste!!! Si la danza de los
cuerpos fuera eterna e intermitente siempre estarías dentro mío y yo sería tu
casa y tu guarida, tu hogar, y tu cobijo, tu verdad y tu mentira, pero la danza
termina y agotados nos abrazamos a saber que mañana será otro día, que ni tu
realidad ni la mía son compatibles, que los besos queman la piel y que las
sonrisas al terminar de amarnos se vuelvan fingidas.
Cómo no estar triste si todas las ocasiones
en cuanto termina no sabemos si habrá una más, tal vez por eso la urgencia de
darnos, de vaciarnos, de eternizarnos en la piel, en las mordidas, en las
sonrisas, en la complicidad de tu mirada cuando me miras…
Es
que mueras por mí… Morir
por ti… vivir soñándote, y saber que cuando me besas, todo inicia otra vez, que
cuando me cohíbe tu mirada entiendo la sensación de la tierra al recibir la
lluvia y todas las cursilerías que han sido dichas veinte mil años antes de mi
existencia sobre la tierra, porque el hecho de que tu ser exista, de que tu
sexo me penetre, de que tu mirada me
recorra es la razón perfecta para haber nacido. Yo nací para darme a ti cada
día, cuando suceda, para ser infinita en tu misma medida…
Que me mires a los ojos y que me hagas sentir
un rayo de luz me enoja, me encabrona, no se vale hacer sentir a una mujer una
diosa y después refundirla en el fango del olvido, no se vale dar placer
durante horas y después cerrar los ojos y dejarlo todo en el pasado, no se
valen tantas cosas que contigo fueron mariposas volando siempre de flor en flor
prometiendo ser eterno, ser de uno, ser mío…
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