domingo, 10 de noviembre de 2013

Primer beso

Por: Paloma Cuevas
Primer beso…
Nunca había contado esto… y hoy hacer una excepción le 
pesa a las emociones que durante tanto tiempo guardé, sin embargo ya estuvo bien, es necesario hacer una depuración del espíritu y entender el porqué de tanta fascinación por las caricias, por los besos, por los cuerpos.
Cuando tenía 14 años era una niña tan inocente, estúpidamente inocente, tanto así que la vida me tenía reservadas “varias sorpresitas”, algunas de ellas bastante desagradables.
Entrar a la preparatoria fue un shock cultural. Tantos chavos, tanta gente, tanta vida, tanta libertad, tanto y más… yo viniendo de provincia de repente me sentía pueblerina, faltaban mi caja de foca y fab para sentirme en carácter, sin embargo mis maletas Louis Vouitton demostraban el poder adquisitivo o el status que debía ser el “adecuado”.
Mirar desde afuera el campus y saber que esa sería “Mi universidad”, preparar la ropa adecuada, la sonrisa correcta e ir a dormir para el primer día…
Llegar y entrar al grupo correspondiente y darme cuenta de él… estaba ahí con 19 años… mucho mayor que el resto de los “mortales” y tan pero tan guapo, inteligente, ocurrente, peligroso… su nombre R…
Ver llegar al profesor de física y escucharle decir R y B en el mismo equipo… si de por sí mis piernas estaban acalambradas, fue entonces que cayeron víctimas del adormecimiento y seguro que se pusieron a soñar con otras piernas, las de él… sin embargo entonces yo aún no lo sabía…
Volvernos amigos, caminar en los recesos, mirarlo mirarme y de repente ella llegó… Tan linda, tan inteligente, tan de 19 años y yo con catorce sintiéndome tonta, no era enamoramiento pero era gusto… ¡Mi gusto es, y quién me lo quitará? Escuchar que ya eran novios y yo seguir siendo sólo su amiga, muy amiga, como una hermanita menor decía él…

Verlos besarse en el receso y sentir asco ante el intercambio salival. Que ¿¡cómo es posible?!, Que qué asco de veras, y si se enferman y escucharle a ella reír diciendo: “Es tan tierna, creo que nunca ha besado a nadie.”
Sentir coraje en la boca del estómago y luego orgullo cuando él le dijo a ella: “Es que es pequeñita y es decente, es una nena todavía y pobre del tarado que lo intente… mira nenita tu besarás muchas bocas, pero todas ellas hasta que tu lo decidas…”
Sentirme siempre de él protegida.
Hasta ese día…
10 de Noviembre, él (R) no vino a la escuela, y se sentía tan vacía… tan tanta, tan vasta,  tan no mía. Y sin embargo tener que funcionar, nada tenía caso ese día.
Salir de clases y escuchar su voz: (NO, no se emocionen, no la de R, la de P diciéndome a gritos): “¿Con quién te vas?”, y contestar con la voz quebrada, “Sola”,  Entonces dijo P: “Te llevo” y yo “No es necesario, solita puedo.”
P contestó entonces: “Para nada, no hay problema, con gusto te encamino.”, ir caminando por Mérida, (la de la colonia Roma, no la Yucateca), llegar a Álvaro Obregón y comenzar a poner atención a los camellones, pasar los bísquets, la pape, la farmacia, ver a lo lejos “La Bella Italia” y seguir caminando, pasar la tienda de motos y llegar al portón del edificio, entonces él ( P) me acerca mi mochila y yo la recibo, se acerca de más, tan de repente, tan de prisa, tan de pronto, y me besa en la boca, introduce su lengua, la mueve, me toca, lo empujo, cachetada, salgo corriendo, mochila tirada…. Llego a casa y me lavo 3 veces los dientes… Mi boca ya no es nueva, ya no es limpia, ya no es mía…

Llegar al día siguiente y verlo a él (R) ahí sentado, con su sonrisa chueca, la usa de lado y yo sin poder levantar la mirada, se dará cuenta, como si fuera mi culpa, como si le fuera ajena y entonces escucharlo decirme: “¿Nos vamos Nena?” ¡¡Me enoja tanto!! Tarado, no soy su mascota; sin embargo camino delante, abre la puerta del salón: Matemáticas, la miss con su vendimia de catálogos que ante las preguntas contesta, - “las respuestas están al final del Baldor,  inténtalo mijito y si no entiendes me preguntas, ¿va?”
El me dice: -“¿Qué pasó ayer?” y yo :- “nada”, me indica y me escribe en una papelito :”Te espero en los salones de inglés, pide permiso,” Yo le contesto,  “primero vete tú, allá llego…”
Llegar y verlo ahí, como estatua, tan divino… contárselo todo, llorar y sentirlo abrazando y abrasándome, mirarlo entonces y sentir su boca presionando la mía… su lengua rozando la mía, temblar, querer escapar y no poder moverme… qué miedo, que terror, que rico… y así la boca perdió el sentido.


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