Primer beso…
Nunca había contado
esto… y hoy hacer una excepción le
pesa a las emociones que durante tanto
tiempo guardé, sin embargo ya estuvo bien, es necesario hacer una depuración
del espíritu y entender el porqué de tanta fascinación por las caricias, por
los besos, por los cuerpos.
Cuando tenía 14 años
era una niña tan inocente, estúpidamente inocente, tanto así que la vida me
tenía reservadas “varias sorpresitas”, algunas de ellas bastante desagradables.
Entrar a la
preparatoria fue un shock cultural. Tantos chavos, tanta gente, tanta vida,
tanta libertad, tanto y más… yo viniendo de provincia de repente me sentía
pueblerina, faltaban mi caja de foca y fab para sentirme en carácter, sin
embargo mis maletas Louis Vouitton demostraban el poder adquisitivo o el status
que debía ser el “adecuado”.
Mirar desde afuera el
campus y saber que esa sería “Mi universidad”, preparar la ropa adecuada, la
sonrisa correcta e ir a dormir para el primer día…
Llegar y entrar al
grupo correspondiente y darme cuenta de él… estaba ahí con 19 años… mucho mayor
que el resto de los “mortales” y tan pero tan guapo, inteligente, ocurrente,
peligroso… su nombre R…
Ver llegar al
profesor de física y escucharle decir R y B en el mismo equipo… si de por sí
mis piernas estaban acalambradas, fue entonces que cayeron víctimas del
adormecimiento y seguro que se pusieron a soñar con otras piernas, las de él…
sin embargo entonces yo aún no lo sabía…
Volvernos amigos,
caminar en los recesos, mirarlo mirarme y de repente ella llegó… Tan linda, tan
inteligente, tan de 19 años y yo con catorce sintiéndome tonta, no era
enamoramiento pero era gusto… ¡Mi gusto es, y quién me lo quitará? Escuchar que
ya eran novios y yo seguir siendo sólo su amiga, muy amiga, como una hermanita
menor decía él…
Verlos besarse en el
receso y sentir asco ante el intercambio salival. Que ¿¡cómo es posible?!, Que
qué asco de veras, y si se enferman y escucharle a ella reír diciendo: “Es tan
tierna, creo que nunca ha besado a nadie.”
Sentir coraje en la
boca del estómago y luego orgullo cuando él le dijo a ella: “Es que es
pequeñita y es decente, es una nena todavía y pobre del tarado que lo intente…
mira nenita tu besarás muchas bocas, pero todas ellas hasta que tu lo decidas…”
Sentirme siempre de
él protegida.
Hasta ese día…
10 de Noviembre, él (R)
no vino a la escuela, y se sentía tan vacía… tan tanta, tan vasta, tan no mía. Y sin embargo tener que
funcionar, nada tenía caso ese día.
Salir de clases y
escuchar su voz: (NO, no se emocionen, no la de R, la de P diciéndome a
gritos): “¿Con quién te vas?”, y contestar con la voz quebrada, “Sola”, Entonces dijo P: “Te llevo” y yo “No es
necesario, solita puedo.”
P contestó entonces:
“Para nada, no hay problema, con gusto te encamino.”, ir caminando por Mérida,
(la de la colonia Roma, no la Yucateca), llegar a Álvaro Obregón y comenzar a
poner atención a los camellones, pasar los bísquets, la pape, la farmacia, ver
a lo lejos “La Bella Italia” y seguir caminando, pasar la tienda de motos y
llegar al portón del edificio, entonces él ( P) me acerca mi mochila y yo la
recibo, se acerca de más, tan de repente, tan de prisa, tan de pronto, y me
besa en la boca, introduce su lengua, la mueve, me toca, lo empujo, cachetada,
salgo corriendo, mochila tirada…. Llego a casa y me lavo 3 veces los dientes…
Mi boca ya no es nueva, ya no es limpia, ya no es mía…
Llegar al día
siguiente y verlo a él (R) ahí sentado, con su sonrisa chueca, la usa de lado y
yo sin poder levantar la mirada, se dará cuenta, como si fuera mi culpa, como
si le fuera ajena y entonces escucharlo decirme: “¿Nos vamos Nena?” ¡¡Me enoja
tanto!! Tarado, no soy su mascota; sin embargo camino delante, abre la puerta
del salón: Matemáticas, la miss con su vendimia de catálogos que ante las
preguntas contesta, - “las respuestas están al final del Baldor, inténtalo mijito y si no entiendes me
preguntas, ¿va?”
El me dice: -“¿Qué
pasó ayer?” y yo :- “nada”, me indica y me escribe en una papelito :”Te espero
en los salones de inglés, pide permiso,” Yo le contesto, “primero vete tú, allá llego…”
Llegar y verlo ahí,
como estatua, tan divino… contárselo todo, llorar y sentirlo abrazando y
abrasándome, mirarlo entonces y sentir su boca presionando la mía… su lengua
rozando la mía, temblar, querer escapar y no poder moverme… qué miedo, que
terror, que rico… y así la boca perdió el sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario