domingo, 31 de marzo de 2013

Dibujando mariposas en tu cuerpo


Hoy fue una de esas tardes en que me caes mal, no entiendo cómo es que después de tantos años puedo seguir maravillandome de las veinte mil maneras en que te las arreglas para sacarme de quicio, una cosa llevó a otra y sin darme cuenta ya estaba fuera de casa, caminando sin rumbo, enojada y a punto de llorar, con la frente en alto para que nadie “mire mi sufrir” como diría la de la canción…
Unas cuadras más adelante, el teléfono sonó y fue ahí cuando me di cuenta de que estaba en los portales, tanto así había perdido la noción de mis pasos, y es que a veces me siento culpable de sentirme tan lejana, tan separada de ti, pero es que al paso del tiempo cada vez tenemos menos cosas en común y mayores desacuerdos, entonces lo vi caminando hacia mí, era justo como lo recordaba: alto, moreno, no el más guapo, pero sí el más sexy, con su voz de W-F.M. me saludo con la mano levantada en el aire y  las piernas se me volvieron de espagueti, yo ahí,  de pie con cara de estatua, entre estupidifacta y patidifuza, como bien dice mi amiga Marisol… solo acerté a saludarle de lejos y lo ví continuar acercándose, platicamos lo básico, ese tipo de pláticas para romper el hielo:
 -¿Casado?,
- No, cómo crees y ¿tú?
A riesgo de que me apareciera un tatuaje fosforescente que dijera “MENTIROSA”  sobre la frente dije que yo tampoco, continuamos caminando, sonrisas, tomados de la mano, recordando los pasados, deshojando margaritas, compartiendo un helado… y de repente como si el magnetismo nos llevara, la puerta de entrada de un hotel, entrar o no entrar he ahí el dilema, la intención de gritarle: - Pero, ¿qué te has creído?, reprimir las palabras antes de que salgan de la boca y caminar mansita al matadero, nunca un pollito fue con más gusto a ser sacrificado.
No hablar durante todo el pasillo, sólo miraditas de complicidad y roces de los dedos. Encontrarse en la inmensidad de una habitación de 4x4 con pantalla plana y almohadas acomodadas estratégicamente.
Sonrisas de torpeza mientras la ropa estorba y la urgencia va creciendo…
Darse cuenta de que el tiempo, no perdona ni pasa en vano, adiós al abdomen marcado y a los bíceps perfectos, pero hoy te ves mejor que nunca, ni ideal, ni etéreo, mundano, mío y completo.
Dibujando mariposas en tu cuerpo me olvido de la tristeza, del coraje y del tiempo…
Los besos, las caricias poco a poco se vuelven expertos, como si no hubiera pasado el tiempo, como si los años siguieran detenidos en el tiempo, terminar, gritar, gemir, jadear, otra vez, una más… se acabó.
-Hasta luego
- ¿Me das tu teléfono?
- Mejor tú a mí el tuyo, yo no tengo. (La mentira de nuevo, es que la culpa es un animal escurridizo).
-¿Te llevo a algún lugar?
- No, gracias, aquí me quedo.
Caminar ahora más lento,  admirando los colores de la tarde, los pasos ahora se hacen eternos, llegar a la puerta de  casa, dar  un par de vueltas a la llave, mirarte ahí sentado con cara de borrego regañado y decirte al oído: -Lo siento. ¡Cuánto te quiero!
Ficción o realidad, la sonrisa en mis labios me da la respuesta, el recuerdo da fuerzas para seguir viviendo.

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