Por: Paloma Cuevas
Papi, contamos estrellas...
Once upon a time... Había una vez o uno de esos principios que nos contaban las mamás o las abuelitas al principio de cualquier cuento de hadas... Había en un reino muy muy muy lejano una princesa semi-inocente que jugaba con muñecas y deseaba esperar por un dulce y todopoderoso príncipe azul... El tiempo pasaba y esta princesa llamada Cándida jugaba a enamorarse del hombre perfecto: joven, apuesto, profesionista, con sonrisa de pasta de dientes, pero con un pequeño inconveniente, una novia con la cual llevaba aproximadamente ocho añitos, la cual lo había acompañado durante toooooda la carrera,la titulación y que como perrito fiel esperaba una estrellita en forma de acta de matrimonio (la cual dicho sea de paso entre más se Cercaban y amigaban Cándida y Antonio, más se alejaba de las garras desesperadS de Beatriz...)
Todo el tiempo lo pasaban juntos, y es que a Toño le encantaba jugar al papá con Candy, que de por sí no contaba entonces ( y que conste qe dije entonces) con la malicia adecuada para evitar ser manipulada física y sicológicamente por este Maquiavelo disfrazado de sicólogo clínico...
Mientras Candy caía en la red tejida cuidadosamente por Toño, Beatriz elucubraba como evitar perderlo, y utilizó una terrible maniobra en la cual por supuesto el susodicho manipulador puso su semillita y ella quedó embarazada a sus escasos veintiocho añitos ; rompiendo de esta forma para siempre las esperanzas de Candy de aprender las artes amatorias de la mano del próximo progenitor... Candy devastada y por supuesto en este dulce mundo del señor abundan las almas caritativas dispuestas aenseñarle a amar a una "nuevecita" e inconsolable niña de 18 años, Rocío como buena amiga al ver sufrir a Candy decidió que le gustaba para cuñada y la invitó a la fiestecita de su hermana Gloria en donde por extrañas coincidencias del destino se encontaria Gabriel, el hermano menor, un contador gris, amargosito y que segurito no saldría ni en rifa por hígado y mal encarado...
La miró solo un minuto y fue suficiente, carita de ángel, la promesa de su inocencia y además abdomen planito, planito, como un sueño de contador encontrándose un declaración de impuestos sin un sólo tachoncito....
Ella le sonrió distraída, ¡era tan soso! Él intentó ser simpático por primera vez en su vida, al darse cuenta de que no lo conseguía decidió emborracharla... no se le iba a ir viva...
Ella cooperó con gusto como si quisiera regalarse y entonces comenzó a contarle la historia de Toño...¡maldito tequila! Ella reía, estaba ya blandita... cuando lo miró: Carlos Lennon, papacito y carismático, hermano mayor de Gloria y Rocío, ¡ah sí lo olvidaba! también del gris contador, la tomó de la mano y le ofreció llevarla a mirar las estrellas ante el rostro descompuesto de Gabriel... cuatro horas amansándola y llegaba él, siempre él con su voz eternamente raposa, con sus manos expertas, con su mirada insinuante y se la llevaba convencida, sin decir ni una palabra, media hora después ya se besaban, cuarenta y cinco minutos después sus lenguas se conocían a la perfección y sus cuerpos se necesitaban...
¡Se dieron y cómo lo hicieron...! Toda la noche fue tan corta, y a pesar de ser el treinta años mayor, suplía con entusiasmo y pasión lo que podría haberle fallado en belleza, nunca más se ha sentido adorada de ese modo Candy, ni ha intentado la singular proeza de contar las estrellitas del cielo, mientras un hombre le recita a Benedetti suavecito al oído...
-"¿Cómo amaneciste luz de estrellas?" preguntó mr. Lennon... Candy sonrió y deseo seguir viviendo y no durmiendo todas y cada una de las noches que ese hombre sería capaz de agregar a su diario... prometió no sentir, pero disfrutar y aprender, olvidó el nombre del innombrable y se convirtió en un crucigrama en un reto.
Once upon a time... Había una vez o uno de esos principios que nos contaban las mamás o las abuelitas al principio de cualquier cuento de hadas... Había en un reino muy muy muy lejano una princesa semi-inocente que jugaba con muñecas y deseaba esperar por un dulce y todopoderoso príncipe azul... El tiempo pasaba y esta princesa llamada Cándida jugaba a enamorarse del hombre perfecto: joven, apuesto, profesionista, con sonrisa de pasta de dientes, pero con un pequeño inconveniente, una novia con la cual llevaba aproximadamente ocho añitos, la cual lo había acompañado durante toooooda la carrera,la titulación y que como perrito fiel esperaba una estrellita en forma de acta de matrimonio (la cual dicho sea de paso entre más se Cercaban y amigaban Cándida y Antonio, más se alejaba de las garras desesperadS de Beatriz...)
Todo el tiempo lo pasaban juntos, y es que a Toño le encantaba jugar al papá con Candy, que de por sí no contaba entonces ( y que conste qe dije entonces) con la malicia adecuada para evitar ser manipulada física y sicológicamente por este Maquiavelo disfrazado de sicólogo clínico...
Mientras Candy caía en la red tejida cuidadosamente por Toño, Beatriz elucubraba como evitar perderlo, y utilizó una terrible maniobra en la cual por supuesto el susodicho manipulador puso su semillita y ella quedó embarazada a sus escasos veintiocho añitos ; rompiendo de esta forma para siempre las esperanzas de Candy de aprender las artes amatorias de la mano del próximo progenitor... Candy devastada y por supuesto en este dulce mundo del señor abundan las almas caritativas dispuestas aenseñarle a amar a una "nuevecita" e inconsolable niña de 18 años, Rocío como buena amiga al ver sufrir a Candy decidió que le gustaba para cuñada y la invitó a la fiestecita de su hermana Gloria en donde por extrañas coincidencias del destino se encontaria Gabriel, el hermano menor, un contador gris, amargosito y que segurito no saldría ni en rifa por hígado y mal encarado...
La miró solo un minuto y fue suficiente, carita de ángel, la promesa de su inocencia y además abdomen planito, planito, como un sueño de contador encontrándose un declaración de impuestos sin un sólo tachoncito....
Ella le sonrió distraída, ¡era tan soso! Él intentó ser simpático por primera vez en su vida, al darse cuenta de que no lo conseguía decidió emborracharla... no se le iba a ir viva...
Ella cooperó con gusto como si quisiera regalarse y entonces comenzó a contarle la historia de Toño...¡maldito tequila! Ella reía, estaba ya blandita... cuando lo miró: Carlos Lennon, papacito y carismático, hermano mayor de Gloria y Rocío, ¡ah sí lo olvidaba! también del gris contador, la tomó de la mano y le ofreció llevarla a mirar las estrellas ante el rostro descompuesto de Gabriel... cuatro horas amansándola y llegaba él, siempre él con su voz eternamente raposa, con sus manos expertas, con su mirada insinuante y se la llevaba convencida, sin decir ni una palabra, media hora después ya se besaban, cuarenta y cinco minutos después sus lenguas se conocían a la perfección y sus cuerpos se necesitaban...
¡Se dieron y cómo lo hicieron...! Toda la noche fue tan corta, y a pesar de ser el treinta años mayor, suplía con entusiasmo y pasión lo que podría haberle fallado en belleza, nunca más se ha sentido adorada de ese modo Candy, ni ha intentado la singular proeza de contar las estrellitas del cielo, mientras un hombre le recita a Benedetti suavecito al oído...
-"¿Cómo amaneciste luz de estrellas?" preguntó mr. Lennon... Candy sonrió y deseo seguir viviendo y no durmiendo todas y cada una de las noches que ese hombre sería capaz de agregar a su diario... prometió no sentir, pero disfrutar y aprender, olvidó el nombre del innombrable y se convirtió en un crucigrama en un reto.
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